Pavement – Wowee Zowee (20 Aniversario)

Pavement

Yo no escuchaba indie-rock en 1995, no os engañaré. Me inicié en Pavement sin ningún contexto temporal y con su catálogo bien consolidado. Empecé a interesarme en ellos cuando se publicaron las re-ediciones de Slanted and Enchanted (Matador, 1992) y Crooked Rain, Crooked Rain (Matador, 1994) –los dos primeros discos oficiales de la banda y los más vanagloriados– coincidiendo con su décimo aniversario. A los meses descubriría Westing, un álbum que recogía sus tres EPs previos a Slanted. En Westing todo parecía muy verde; las canciones eran bocetos y la calidad de grabación del CD era tan desastrosa que llegué a la conclusión que lo habían grabado pensando en reproducirlo en un walkman. Aún en condiciones precarias, Westing tenía una crudeza cautivadora. Si el indie rock hubiese sido un estilo tan dogmático como el jazz, este disco podría haber sido un precursor del “free indie-rock”.

En mi cabeza la evolución de Westing a Crooked Rain parecía lógica: la banda maduraba, las canciones se robustecían y los discos eran más sólidos. La teoría de los vasos comunicantes parece probarse en las bandas de rock: cuanto más jóvenes más ruido, rabia e inmediatez. Conforme se hacen mayores, más reflexión y discos estructuralmente más complejos. Más difícil darle un palo crítico pero menos “auténticos” – “auténticos”, ya me entendéis… más “pensados”.

En 1995 se publica Wowee Zowee, el siempre difícil tercer disco. Diez años más tarde yo me compraba su correspondiente re-edición y esta semana se cumplen 20 años de su lanzamiento.

1995. El estreno les supuso un varapalo de críticas. Un álbum con dieciocho canciones partía con desventaja ante los puristas del rock intenso y rapidito. Sus seguidores no encontraban los Gold Sounds ni los Summer Babes que tan rápido habían penetrado en su cerebro pocos años atrás. Las expectativas marcaban el listón a base de decibelios y Wowee pedía un poco más de esfuerzo para entenderlo. Por si todo esto no fuese suficiente lacra, las ediciones 94 y 95 del festival americano Lollapalooza serán recordadas por las desaventuras de Pavement. En 1994, la organización les canceló después de que Billy Corgan proclamase que sus Smashing Pumpkins –con mucha repercusión mediática por aquél entonces– no tocarían en un festival donde estuviesen los de Malkmus, quienes en su canción Range Life les mencionan despectivamente. En 1995, en plena presentación del Wowee y con sus punzantes críticas en la mochila, una lluvia de bolas de barro procedentes del público les obligó a dejar su set a medias.

2005. Cuando me lo puse por primera vez, ni una pizca del negativismo anterior había trascendido. El tiempo había dejado Wowee Zowee en un pedestal, “su White Album” decían, su “In Utero”. No es que hubiese envejecido bien, es que se habían superado los prejuicios estilísticos de dos lustros atrás. En Wowee, la voz letárgica de Malkmus sólo entraba en programa centrifugado en un par ocasiones, para volver rápidamente a su estado original. Los pocos elementos blueseros que escandalizaron a las voces críticas de la época formaban parte ahora de los momentos más memorables del disco: el solo de steel guitar de Father to a Sister, la harmónica de Rattled o el güiro de Motion. Una vez desmantelada la exigencia de sonar según los cánones de los noventa quedan las canciones, y a canciones, es difícil ganarle una partida a Wowee Zowee.

2015. Hoy me siento a escribir sobre este álbum diez años después de escucharlo por primera vez y veinte años después de su lanzamiento. Me pongo los cascos y dejo que se repita hasta cinco veces de inicio a fin. Por primera vez, lo interpreto por bloques.

We Dance – Rattled By the Rush – Black Out – Brinx Job
Empiezan sacando la artillería, las canciones a las que es fácil quedarse enganchado. Los dos primeros cortes del álbum son clásicos instantáneos. En Black Out tiran de su habilidad para hacer medios-tiempos nostálgicos y el “we got the money” de Brinx Job es una de las líneas más memorables de todo el álbum.

Grounded – Serpentine Pad – Motion Suggests Itself – Father To A Sister of Thought
El segundo bloque es el de los buenos vinos. La introducción punteada de Grounded ha sido desatadora de euforias en sus últimas giras de reunión. Serpentine Pad es el meneo del disco, y casi de la carrera de Pavement; nunca han sonado tan punk, parecen The Damned o los Stiff Little Fingers. En Motion Suggests Itself, Malkmus parece anticiparse a las críticas y se auto-reivindica con eso de “I won’t need someone to let me be”. Y Father To A Sister of Thought es una de mis canciones favoritas de Pavement. Lo que en álbumes anteriores intentaron con Zürich Is Stained o Stop Breathin’ aquí llega al hueso, combinando silencios, arrebatos y un maravilloso puente a lo Neil Young.

Extradition – Best Friend’s Arm – Grave Architecture – AT&T
En el tercer bloque confluyen aguas de dos ríos distintos. Por un lado, temas extrovertidos, con Malkmus en aparente improvisación y falseando la tartamudez. La columna vertebral del bloque destila el sentimiento tumultuoso de “ensayo grabado” tan presente en sus primeros EPs. Pero al encontrarse con la producción cristalina predominante en el resto del álbum crean un contraste estilístico que no acaba de funcionar. Creo que las canciones de este bloque vivirían mejor de manera independiente en cualquiera de sus discos pasados.

Flux=Rad – Fight This Generation – Kennel District – Pueblo – Half A Canyon – Western Homes
En el último bloque se enrarece del todo la línea argumental. Abre Flux=Rad, un tema nirvanero a más no poder. Después, cortan la intensidad con Fight this Generation, canción que a día de hoy muchos coincidirían en destacar como una de las mejores de la carrera de los californianos – ¡qué in crescendo final! Kennel District es la canción más importante de las que compuso el guitarrista del grupo. Durante su actuación en el Primavera de 2010 subió a cantarla Kevin Drew de los Broken Social Scene, y es que a ellos les hubiese quedado que ni pintada en su cancionero. Pueblo es todo lo bueno y lo malo de los noventa sintetizados en tres minutos y veinticinco segundos. Half A Canyon la podría haber escrito Jack White el mes pasado. Cierra Western Homes, una canción que si os ponen a ciegas nunca diríais que es de Pavement. El disco acaba escapándose en un rápido fade-out distorsionado y te deja esperando una clausura argumental que nunca llega.

Con la perspectiva que regala el tiempo, Wowee Zowee sigue siendo un disco extraño. Tal vez, si se hubiesen cortado tres o cuatro canciones hubiese pasado a la historia como un disco más sólido. Tal vez. Se entiende el rechazo inicial en una época exigente, y se entiende que el poder de sus canciones lo hayan convertido en un documento útil cuando alguien se aventura a definir que fue eso del indie-rock. Felices veinte.

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