Veinte Discos Destacados de 2016

#20

20

Down in Heaven de Twin Peaks
Porque ninguna otra banda le dedica un disco a los Beatles y los Stones y sale con vida.
Los de Chicago dicen que se inspiraron en la música del año 1968 para Down in Heaven. A la corriente británica, le añaden un punto de suciedad americana –Sonics en su contexto temporal, Black Lips en términos contemporáneos–, para acabar pariendo un disco muy redondo.

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#19

19

Masterpiece de Big Thief
Porque la banda de Adrianne Lenker es un gran exponente del nuevo indie-rock del noreste americano. Contemplativo e irascible. Maduro sin sobre-complicarse. Liderado por mujeres. Y construido a base de grandes canciones que funcionan como unidades independientes – debe de ser que vivimos en la era de las playlists. En el caso de la banda de Brooklyn, Masterpiece, Paul, Humans o Animals son de las que te hacen dejar lo que estás haciendo para prestarles más atención. Igual le falta un poco de regularidad para ser una “masterpiece” – pero es, sin duda, uno de los debuts más frescos del año.

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#18

18

Black Focus de Yussef Kamaal
Porque es una foto urbana, multirracial y contemporánea del sur de la Londres más cosmopolita.
Yussef Kamaal son una pareja de amigos que mezclan un jazz cristalino con los sonidos del barrio donde crecieron, mayormente funk y una base electrónica muy poco invasiva. Mi punto de vista como habitante de una galaxia lejana al mundo del jazz es que es un género al que le está costando mantener un flujo constante de artistas sacando material que la gente escuche habitualmente. Cuando hablo de las obras imperdibles del género con algún amigo que entiende algo más sobre esto, siempre acaba rescatando los clásicos de los 50-60-70, cuesta sacar un nombre reciente. Por eso cuando una obra nueva cae en mis manos y retiene mi atención durante unos meses, creo necesario reivindicarla. Mi relación con el jazz se limita prácticamente a los conciertos, donde el dominio del ritmo y la imprevisibilidad melódica me acostumbran a dejar con la boca abierta. Black Focus consigue enlatar la frescura y la energía del directo, muy recomendable.

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#17

17

Devil Music de The Men
Porque son The Men, la banda mutante que puede con cualquier estilo que se interponga en su camino.
En sus anteriores trabajos ya habían explorado el noise, el indie-rock, el rock más clásico, incluso el country, pero nunca habían llegado a sonar tan brutos como en los tres minutos de Lion’s Den, con un saxo desbocado, una guitarra en shock después de recibir la descarga de un rayo y una voz desgañitándose hasta la extorsión. Devil Music hace honor a su nombre, se arrastra por un fangal de psicodelia tenebrosa, completamente pasado de revoluciones. Si este disco lo hubiesen sacado Thee Oh Sees estaría en la mayoría de listas de lo mejor del año.

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#16

csh2

Teens of Denial de Car Seat Headrest
Porque esta banda se está ganando a pulso ser el cabeza de cartel de todos los festivales indies en los próximos diez años.
No me quito de la cabeza una comparación que hacían en la radio pública americana cuando reseñaban el 13º álbum de Will Toledo (al tanto que el chico sólo tiene 24 años): “Drop a needle on any one song and within a minute the tune will abruptly shift and a new song will blossom”. Hay infinitas canciones escondidas dentro de cada canción que compone el salto a la fama de Car Seat Headrest. No os sé explicar por qué no ha caído más alto en la lista, tal vez echo de menos algo que me sorprenda o simplemente hay guiños a Weezer que no logro superar. Pero el esfuerzo descomunal que supone coser tal vaciado de ideas variopintas merece algún tipo de reconocimiento.

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#15

15

Until the Hunter de Hope Sandoval & the Warm Inventions
Porque es como uno de esos largos silencios que te hacen sentir más a gusto que incómodo.
Os lo intento explicar mejor con una escena que os va a ser cotidiana por la época en la que estamos. ¿Recordáis la mezcla de nervios e ilusión que sentimos los segundos antes de abrir un regalo? Hacemos durar el acto de desplegar las capas del envoltorio, con extrema paciencia, hasta la desesperación de la gente que nos rodea. Y es que no hay mejor sensación que la anticipación de lo que puede ser, el viaje mental hacia las posibilidades infinitas. Until the Hunter se recrea en la delicadeza que envuelve los momentos en los que parece que no pasa nada, pero pasa todo. La belleza y la calma, el ritmo y la melodía, lo real y lo onírico. Ah, y el dueto con Kurt Vile en Let Me Get There, que me olvidaba.

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#14

14

Up To Anything de The Goon Sax
Porque son la nueva última esperanza australiana.
Sacudámonos la referencia parento-filial rápidamente, tenemos cosas más importantes que comentar: Louis Forster es el hijo adolescente de Robert Forster, fundador de los Go-Betweens. Vamos allá. Hace tres años, Forster, Jones y Harrison, amigos del instituto, deciden ponerse a tocar en la habitación de este último. Tres años más tarde, todas las tardes de ensayos, pruebas y enfados, acaban cristalizándose en Up To Anything, un disco de “coming of age” (eso que tanto les gusta reseñar a los cinéfilos), que peina todos los temas que a uno le pasan por la cabeza a esas edades, con el tacto romántico de los Pastels y el minimalismo directo de Beat Happening.

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#13

13

Burn Something Beautiful de Alejandro Escovedo
Porque, por suerte, todavía nos queda Escovedo; el portador de la antorcha del rock clásico inconformista.
Como Robert Wyatt, John Cale y otros genios de su generación, el compositor tejano sigue creando, evolucionando y llegando a cotas cada vez más altas. Para su duodécimo álbum en solitario, ha decidido dar una deriva diferente a su ruta y ha contado con Peter Buck (R.E.M) y Steve McCaughey (The Minus 5) no sólo como músicos y productores, sino como co-compositores de todos los temas. Además, una plantilla galáctica de colaboradores ponen sus armas a disposición del líder de la pandilla, ayudándole a sonar más impoluto de lo que nunca había sonado. El tejano transforma sentimientos complejos en canciones accesibles.


#12

12

Eyes on the Lines de Steve Gunn
Porque ya sabíamos que Steve Gunn es un guitarrista virtuoso, pero Eyes on the Lines lo descubre como un brillante compositor.
Aquí consigue expresar el sentimiento general que vivía escondido detrás de su música: la contemplación y la relación con lo banal que nos rodea. En Ancient Jules canta “take your time, ease up, look around, and waste the day”, en Night Wander cuenta “he likes to wander, lose direction and go back home”, “walk for hours, past the street light, down the road to the water’s edge”. Huele a clásico eterno, como si siempre hubiese estado ahí y tuviese que seguir perenne al paso de los años.

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#11

11

Shine a Light de Billy Bragg y Joe Henry
Porque para crear una obra que perdure en la memoria hacen falta dos cosas: que la ambición suba la barra de las expectativas y que la música llegue a la altura marcada.
A veces usamos la ‘proyecto’ con una soltura que asusta, acabaremos montando un proyecto para ir a por pan. Esta insólita colaboración cumple con todas los requisitos que exige el término: el mítico cantautor-activista británico Billy Bragg vuelve a demostrar su veneración por las raíces americanas colaborando con el crooner de nuevo cuño Joe Henry, lanzándose en un viaje por la memoria pastoral americana, llegando hasta las raíces del folk y el blues y de mucho más. El mismo Bragg explica la clave de todo en una reciente entrevista en The Guardian: “‘The railroad’ is one of those phrases like ‘the west’ that has an immediate and evocative sense of space and light, and distance and hope, and fear”. Shine A Light es una compilación de temas históricos, olvidados entre las vías abandonadas de las grandes llanuras del medio-oeste americano, grabados en hoteles y estaciones. Canciones de paso, sobre el paso del tiempo, a paso lento.

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#10

10

American Band de Drive-By Truckers
Porque dos mil dieciséis será recordado como un año de factura en la sociedad estadounidense y éste es el trabajo que mejor lo relata.
La herida racial se ha vuelto abrir, la política del miedo ha llevado a la clase media a la polarización y los que tienen que dar respuestas, los políticos, han hecho una de las campañas electorales más vergonzosas que se recuerdan. El mundo de la cultura se ha volcado en defensa de los desdibujados ideales americanos, esos que viven dentro de su burbuja opaca. Beyoncé y Solange han sacado sus dos discos más reivindicativos hasta la fecha, han habido recopilaciones de canciones anti-Trump. Pero sólo Drive-By Truckers han entendido que la protesta y el lamento no son la única solución, también se puede tejer la base de los valores de este país desde la comprensión de todas las posturas. El discurso suena más comprometido cuando viene desde fuera de la burbuja. Se puede ser punzante desde la empatía, soltar verdades como puños desde el country-rock sureño. American Band, el undécimo disco de los de Patterson Hood, es uno de los mejores de su carrera.

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#9

9

Next Thing de Frankie Cosmos
Porque es una compilación de 15 ideas cortas, desarrolladas lo justo para abrir la puerta a la curiosidad y cerrarla antes de correr el riesgo de ser previsible.
La sutil provocación hace que cada vez cojas el álbum sin saber muy bien qué esperar, sin recordar exactamente qué había en él que te había hecho sentir tan bien. La ideóloga de la hazaña es Greta Kline, de voz discreta y cerebro rápido, que enlaza melodías pop sin pretensiones con letras directas, sin rodeos – “When you’re young, you’re too young / When you’re old, you’re too old” canta en What If, atacando la instalación en la queja, o “I’d sell my soul for a free pen / On it the name of your corporation” para derrocar viejos fantasmas de la industria.

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#8

8

IV de Badbadnotgood
Porque Time Moves Slow es una de las mejores canciones del año.
Y porque tiene mérito que un grupo de jazz madurado a la sombra del hip-hop –dos de los géneros con los que más me cuesta conectar–, se haya hecho un hueco entre los discos que más he escuchado este año. Estos canadienses serían la banda sonora ideal para una escena madman-esca de verano: cuerpos tostándose al sol en una piscina lujosa en algún lugar escondido de California. Bañadores sesenteros, cócteles sofisticados y mucha. Cámara. Lenta.

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#7

7

Mid Thirties Single Scene de Scott & Charlene’s Wedding
Porque que si las influencias, que si la producción, que si la voz de este cantante o los solos del otro guitarrista, pero al final todo esto consiste en encontrarle un buen gancho a cada canción y Mid Thirties Single Scene sorprende con una melodía viciosa detrás de cada giro.
El tercer disco de la banda australiana les pilla volviendo de su Nueva York adoptiva y, no se si por melancolía o conversión integral, nunca habían sonido tan neoyorkinos. El rock saltarín del down under sigue como base de sustento, pero canciones como Maureen o Distraction tienen más de Sweet Jane que de cualquier otra cosa. Energía contagiosa, letras divertidas, algo de The Modern Lovers y mucho de Comet Gain.

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#6

6

Blackstar de David Bowie
Porque es lo fácil, ¿no? Bowie es una leyenda, saca un disco antes de morir y entra en todas las listas de lo mejor del año. Duque blanco y en botella (perdón).
Me gustan bastante sus discos hasta los finales de los 80, con sus altos y bajos, pero os reconozco que sus últimos 25 años creativos nunca me han llamado la atención. Hasta el punto de que me puse por primera vez Blackstar hace un par de semanas. Abrirlo sin el revuelo de su postumidad ni la necesidad de reconocimiento me hizo escucharlo con orejas frescas. ‘Frescas’ hasta que acabaron los casi diez minutos del título inicial, una ópera de sentimientos de producción impoluta y estilo indefinible. Después de ‘Tis a Pity She Was a Whore me agarró vértigo stendahlístico y en Lazarus me rendí a lo innegable: Blackstar tiene todos los elementos que hacen de Bowie una figura inigualable, un arañazo a la perfección.

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#5

5

When You Walk a Long Distance You Are Tired de Mothers
Porque crea un vínculo con el que lo escucha que hasta ahora sólo había sentido en conciertos íntimos.
Tal vez porque deja entrever su fragilidad en cada canción –algún acorde entrando fuera de tiempo, alguna respiración sin esconder–, sobreponiéndose a ella con una naturalidad digna de la que tiene la piel curtida en años de oficio. A camino entre el mar calmado de Angel Olsen y el océano en mareada de Courtney Barnett, la banda de Krstinie Leschper combina quietud y turbulencia, voz cristalina y guitarra revuelta. Folk y rock, en definitiva, con reminiscencias a Scout Niblett y Marine Stern. No hay una pieza mal puesta y todas las que están bordean la fina línea que separa la desesperanza y el preciosismo. Simple, triste, perfecto.

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#4

4

Light Upon the Lake de Whitney
Porque deberían vender una versión inyectable del disco, droga de guante blanco.
A los que os vienen gustando los discos de Matthew E. White, a los que os apetece un buen falsete de Woods de vez en cuando, a los de las trompetas discretas y emoción contenida. A los que podéis listar un par de discos pop de los 80 entre vuestros placeres ocultos, éste par de amigos –un ex-Smith Western y ex-Unknown Mortal Orchestra– os tienen un regalo de navidad preparado. Light Upon the Lake es el mejor debut del año y la declaración de intenciones de un grupo que seguro dará mucho que hablar en los próximos años.

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#3

3

Skeleton Tree de Nick Cave & the Bad Seeds
Porque Nick Cave no toca el suelo cuando camina.  
Cuenta Cave que trabaja ocho horas diarias, diligentemente, como el resto de los mortales. Pero Cave no es humano, es un extraterrestre venido del planeta de donde salen los genios revolucionarios. No hay mucho que quede por decir sobre su obra. No mucho más que la estatura de su figura va creciendo cada día que nos lo encontramos en cualquiera de sus facetas artísticas. Skeleton Tree es su enésimo manifiesto sobre el amor, la oscuridad, el destino y el más allá. Durante el proceso de grabación, su hijo se dejó la vida en un acantilado. El premonitorio primer verso del disco –escrito antes del suceso– narra: “You fell from the sky / Crash landed in a field”, para acabar rezando “with my voice I am calling you” – por si quedaba alguna duda de la mística inmortal del australiano. Cave y Warren Ellis, su partner in crime, van por delante en todo: entienden como nadie la “atmosferización” de la música, puedo imaginar a futuras estrellas del hip-hop tatuándose este disco en la memoria, viven los avances en producción digital desde la naturalidad de dos veinteañeros que han nacido con un sintetizador bajo el brazo. Mahoma pensaría: si no te quedan montañas por subir, crea tu propia montaña.

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#2

2

Introducing Karl Blau de Karl Blau
Por su persistencia, la constante inquietud y porque hay que reivindicar a los currantes ocultos del indie, los que llevan décadas facturando –y ayudando a facturar– obras de arte que acaban pasando desapercibidas.
El de Anacorte, Washington, lleva toda su carrera enriqueciendo su indie-rock de las influencias más dispares (bossa nova, grunge, folk), haciendo gala de una habilidad innata para sacar brillo de cualquier diamante en bruto. Tiene una musicalidad genuina: sus canciones son suyas, distintas pero iguales, manchando todo lo que toca con una tinta difícil de confundir. ‘Introducing’ es una idea de Karl Blau y Tucker Martine –productor de My Morning Jacket o The Decemberists entre otros– surgida en 2004, durante unas sesiones de grabación donde Blau estaba colaborando. ‘Introducing’ es un álbum versiones, en gran parte de cantantes de country clásico desconocidos y algún fichaje extracomunitario como el “To Love Somebody” de los Bee Gees.

Todo en este disco funciona, empezando por la selección de los temas, el diseño de las versiones, la producción impoluta y LA INTERPRETACIÓN de Blau. En mayúsculas por dos cosas. La primera, porque hoy en día se menosprecia al intérprete de versiones. Pocos discos de este género han tenido el beneplácito de la crítica –sólo me viene a la cabeza ese de Cat Power– y no hay parte fácil en ponerte la ropa de otro y que no te quede demasiado grande o demasiado pequeña. La segunda porque su trabajo es sencillamente brillante. Su voz se integra en las canciones y las lidera, tiñéndolas de su saber hacer sin sobreexponerse. ‘Introducing’ está pensado para ser la portada de un libro que lleva escribiéndose durante veinte años, no tardéis en sacarle el polvo y empezar a leer.

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#1

1

My Woman de Angel Olsen
Porque éste ha sido un año musicalmente liderado por mujeres y Olsen ha sido la más brillante de todas ellas.
Mucho ha llovido desde que empezara su carrera como corista en la banda de Bonnie ‘Prince’ Billy. Premio para el caballero que predijese que la delicada voz que doblaba la harmonía del de Kentucky en The Wonder Show of the World tenía una dimensión destructora desconocida. La guapísima Angel Olsen, nacida en la feísima Saint Louis en el invierno de 1987, lanzó su primera grabación en solitario en 2011. Y cuando digo solitario, quiero decir solitario: nada más que una guitarra testimonial que subrayaba un voz dolida y desnuda. No muy lejos de la intención de su segundo trabajo, que seguía siguiendo de cerca a los country-crooners de los años cincuenta. El primer cambio de ritmo llegó un par de años después. Firmó con Jagjaguwar, se enchufó sutilmente a la electricidad, se rodeó de un bajo y batería y puso el dedo del pie en el agua del rock contemporáneo, más crudo y musculoso. En su cuarto álbum, se ha lanzado al agua sin pensárselo.

My Woman empieza a ser una declaración de intenciones desde el momento en que se cuenta con Justin Raisen, productor de artistas de corte más comercial como Sky Ferreira o Santigold. La voz de Olsen suena modulada como nunca, sucia y, en algunos momentos, incluso distorsionada. La primera parte del disco está reservada para las canciones más atrevidas y ruidosas. A ratos, como con Shut Up And Kiss Me, incluso radiofónicas. A medida que va avanzando, la cosa se pone más cerebral. Cortes más largos y enredados, que parecen plantas nacidas de las semillas country de sus inicios.

El resultado es un disco tan cautivador como inquieto. De letras inestables, siempre a caballo de la falta de autoestima y la reafirmación. My Woman reúne ambición y brillantez, para coronarse como el disco que más recordaré de 2016.

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